Hoy en día, las prótesis mamarias han mejorado considerablemente, hasta el punto de poder asegurar que una operación de aumento de pecho es completamente segura para una paciente.

Las prótesis de segunda generación, utilizadas en la década de los 80, no tienen nada que ver con las actuales, de cuarta generación, según la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME). Esas prótesis de segunda generación sí se podían considerar peligrosas, ya que contenían un gel bastante líquido rodeado de finas capas antidifusoras, fáciles de romperse, que facilitaba la salida del gel.

En cambio, en las intervenciones de aumento de pecho actuales, se utilizan prótesis con un gel de silicona cohesivo, mucho más compacto, que no se sale en caso de rotura. Estas prótesis, que se utilizan en España desde el año 2000, tienen varias capas de silicona y contienen sustancias antidifusoras del gel. En el excepcional supuesto de que se saliera algo de gel, las barreras antidifusoras cortarían su paso. Se quedaría entre la prótesis y la cápsula (tejido cicatrizal) de la mama.

Regulación de prótesis por la Comunidad Europea

Por todo ello, el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Comunidad Europea deben aprobar todos los rellenos de silicona que salen al mercado para usos estéticos. Las casas comerciales mandan al Ministerio el número de referencia de la prótesis, junto a los datos del paciente, de manera que este último siempre pueda ser localizado y se lleve un exhaustivo control de los productos que se venden. Además, la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE) y el Ministerio de Sanidad trabajan juntos en un registro de este tipo de implantes.

Con estas innovaciones, la seguridad de este tipo de prótesis está prácticamente asegurada. No obstante, siempre es necesario valorar los pros y los contras de cada paciente ya que toda intervención tiene sus riesgos.