La tendencia indica un incremento progresivo en el empleo del bótox para paliar los efectos de la edad en el rostro. Los resultados son excelentes cuando se aplica por buenos profesionales.

El tratamiento con bótox es el más popular entre las técnicas de rejuvenecimiento facial. Es una técnica sencilla, destinada a combatir las arrugas de expresión. Constituye un remedio eficaz para rejuvenecer el rostro sin necesidad de pasar por el quirófano.

Suele aplicarse sobre todo en la frente, el entrecejo y el contorno de los ojos. El resultado es una piel tersa y lisa y una significativa reducción de las arrugas, principalmente en la mitad superior del rostro.

A pesar de que la aplicación del tratamiento es sencilla, el resultado final depende de la experiencia del médico que la realice. Una mala práctica puede ocasionar efectos secundarios en la salud y un exceso de dosis producirá formas no deseadas en la cara. El verdadero profesional conoce las cantidades exactas que debe aplicar para que el resultado sea bueno. Lo ideal es que el tratamiento lo realice un especialista que conozca la anatomía y los movimientos faciales.

Bótox: riesgos inexistentes

Las dosis de la toxina son muy bajas en los tratamientos estéticos, por lo que el riesgo de parálisis en órganos es prácticamente inexistente. Los pacientes que quedan satisfechos después del primer tratamiento suelen repetir cada 5-6 meses aproximadamente. La buena noticia para los pacientes insatisfechos es que el bótox es una sustancia que desaparece con el tiempo, y la cara vuelve a su estado inicial.

La alta demanda de este remedio anti edad pone de manifiesto su gran efectividad, ya que su uso se está multiplicando día a día por todo el mundo. Para reducir las complicaciones al máximo hay que exigir siempre la máxima profesionalidad y garantías de seguridad.