El botox es la toxina botulínica de tipo A; inyectada de manera subcutánea que al producir la relajación de los músculos donde es inyectada disminuye el movimiento del sitio de punción. Se utiliza cada vez más no solo en tratamientos estéticos, sino también para tratar patologías molestas como la hipersudoración, la sialorrea y el bruxismo.

En dermatología estética el botox se utiliza para disminuir las arrugas de la piel. Se debe administrar en dosis bajas ya que produce la relajación del músculo por el bloqueo de las conexiones nerviosas.
Se administra como ya relatamos en pequeñas dosis y en una corta sesión (única). La duración de la misma es de veinte minutos.

Lo más demandado es la utilización de botox en arrugas faciales y de esa manera disminuir el efecto de los años en el cutis. La frente, patas de gallo, entrecejo y lados del cuello, sitios donde el paso del tiempo se hace notar.

Se trata de un tratamiento no invasivo por los que el paciente no debe ser ingresado en el hospital ya que es una corta sesión de día que no requiere si quiera un acto anestésico.

El efecto se observa en un plazo máximo de cuatro días, por lo tanto no hay que ser impaciente. A los seis meses los músculos adquieren la capacidad de contraerse por lo que se puede realizar otra sesión debemos tener en cuenta que no se pueden practicar más de dos veces al año.

El tratamiento con botox se puede comenzar a usar de forma preventiva a partir de los treinta años de edad.

Recordemos que no es un tratamiento definitivo sino que se debe reiterar en el tiempo prolongando su efecto.