Es un error muy común identificar depilación láser con aparatos láser y fotodepilación con luz pulsada. Lo cierto es que el término fotodepilación engloba tanto a la depilación con láser como a la luz pulsada. Cada tecnología tiene sus propias características, que las convierten en la mejor opción dependiendo de cada caso.

Las mayores diferencias se perciben a nivel físico. Por una parte tenemos la luz incoherente, que es la luz que se propaga en todas direcciones a partir de su fuente, y la luz coherente, que se propaga en una única dirección. Estos diferentes tipos de luz también cuentan con longitudes de onda distintas, y cuando se utilizan de forma combinada, consiguen resultados prácticamente perfectos, por aprovechar las propiedades de cada tecnología.

El rayo del láser no es visible ante el ojo humano, por eso, ningún paciente puede verlo durante una sesión de depilación. Solamente percibirá una luz roja que actúa de guía para orientar al láser. La luz pulsada, por su parte, permite variar su longitud de onda por medio de diversos filtros, de modo que tiene varias posibilidades de modulación y de aplicación.

En cualquier caso, es el especialista quien debe decidir qué tecnología es la más apropiada para cada paciente. Normalmente, se suele recomendar el láser para las primeras sesiones de tratamiento, y una vez que éste se encuentra más avanzado, se puede aplicar luz pulsada. Por este motivo resulta importante acudir a una clínica que cuente con diferentes aparatos que permitan sacar el máximo partido a cada tipo de luz.

La desventaja de la luz pulsada en algunos centros es que no está manejada por personal experto, y no sabe aprovechar su potencial. En condiciones normales, la luz pulsada bien empleada puede ser tan efectiva como el láser, pero requiere de un mayor número de sesiones.

Fuente: Agencias y Medios Especializados