La depilación por láser consiste en la absorción de la radiación del láser por parte de la piel. En el proceso la energía se transforma en efectos térmicos de temperaturas elevadas, que destruyen los folículos pilosos. Los resultados dependen de la potencia empleada en la radiación.

La absorción del láser en la depilación depende de tres factores: el color de la sustancia absorbente, su densidad y su composición química.

– El color de la zona tiene gran relevancia, puesto que existe un efecto de absorción absoluto y otro relativo. El absoluto consiste en que el láser, como cualquier otro tipo de luz, se absorbe más cuanto más oscuro es el objeto que absorbe. La absorción es casi del 100% en las superficies negras. En cambio, en las superficies blancas se refleja la radiación y prácticamente no se absorbe la energía. Este factor es decisivo en la depilación por láser, ya que el pigmento oscuro de la melanina es imprescindible para que el tratamiento funcione.

– La densidad de la superficie absorbente no es especialmente relevante en el caso de la depilación por láser, ya que se actúa sobre partes blandas de densidad homogénea.

– La composición del absorbente es de gran interés para la depilación por láser, por la capacidad de absorción del láser por parte del agua.

Parte de la radiación láser que llega a la piel se refleja, inevitablemente. Por eso hay que evitar las cremas y otros productos, que incrementan la reflexión, a la hora de aplicar esta tecnología. La radiación que no se dispersa, penetra en la piel.

Denominamos absorción a la energía que llega al organismo convertida en calor. Y llamamos penetración de la energía láser a la profundidad a la que actúa, en la que la radiación conserva entre el 30% y el 20% de la intensidad en la superficie de la piel.