El interés que muestran los hombres hoy en día por mejorar su aspecto exterior, ha dado lugar a una especialización del sector en la estética masculina. Según los profesionales de la belleza, ellos tienen claro lo que quieren y cómo lo quieren.

El cuerpo del hombre es distinto al de la mujer, por eso los tratamientos estéticos deben estar especializados por géneros. Ellos demandan sobre todo tratamientos faciales de hidratación, supresores de los signos de fatiga, seborreguladores y antiedad. Les gusta estar bronceados y tener buena forma física. Les agrada ver resultados desde la primera sesión de tratamiento, y no les gustan los tratamientos largos y complicados.

Empezando por la piel, podemos encontrar múltiples diferencias entre hombres y mujeres, lo cual propicia estrategias de rejuvenecimiento distintas. La epidermis masculina cuenta con un mayor número de capas, hasta 32, a diferencia del cutis femenino, que está entre 10 y 20 capas. Es más resistente, pero menos elástica. Posee más fibras musculares lisas, por lo que resulta más firme. Una ventaja indiscutible en los hombres, es que poseen un nivel de colágeno en el cutis más alto que en las mujeres, por este motivo las arrugas tardan más en aparecer. Sin embargo, cuando aparecen son más profundas, debido al mayor espesor en la dermis y en la epidermis.

Un factor decisivo es que no sufren tantos cambios hormonales como las mujeres. Únicamente tienen que pasar por la adolescencia y la andropausia, pero son alteraciones tan suaves que no afectan a su piel. No obstante, los andrógenos y la testosterona, hormonas masculinas por excelencia, incrementan el nivel de acidez del cutis y su secreción sebácea es mayor. Los casos de acné son más frecuentes en los hombres que en las mujeres.

El porcentaje de grasa corporal también varía en los hombres y en las mujeres. Mientras que en las mujeres es de un 25%, en los varones ronda el 12%. La acumulación de los adipositos también se produce en zonas distintas del cuerpo: en las mujeres se concentran en el vientre, las nalgas y los muslos, mientras que en los hombres se colocan en la nuca, los hombros, el tórax y el abdomen.