Las mamas sometidas a un aumento de pecho tienen una evolución similar a las no operadas. Responden de la misma forma ante un aumento de peso o un adelgazamiento, a los estímulos hormonales y a los ciclos menstruales.

Puede suceder que queden algunas zonas con pérdida o disminución de la sensibilidad cutánea, en especial cuando se han llevado a cabo reducciones importantes o se han movido la areola y el pezón a gran distancia. En estos casos, también puede quedar una disminución de la capacidad de lactancia, e incluso una anulación de la misma.

En lo referente a la forma, el volumen y la posición, las mamas mantendrán su morfología a largo plazo, experimentando cambios relativamente pequeños con la edad. También pueden influir los embarazos o los cambios muy acentuados en el peso corporal.

Después del aumento de pecho, se deben seguir unos cuidados mínimos, especialmente con la piel, que es el único sostén natural de los senos. Debe mantenerse hidratada y protegida de tensiones, utilizando sujetadores apropiados.

Después de la intervención, se deben realizar revisiones periódicas para controlar la evolución de la cirugía. Podrán abandonarse cuando se curen todas las heridas, sin embargo, se recomiendan controles anuales de la mama, para controlar y prevenir posibles enfermedades. Estos controles son independientes al aumento de pecho, y son aconsejables aún cuando no se ha llevado a cabo ninguna operación.