La ginecomastia es un trastorno que afecta a un gran número de población masculina. En los casos más graves, puede causar un deterioro en la calidad de vida del hombre, e incluso problemas psicológicos. Para estas situaciones, la cirugía supone una solución altamente satisfactoria entre los pacientes.

La ginecomastia puede darse en una o en ambas mamas. Se inicia con una pequeña masa debajo de los pezones. Es frecuente su aparición durante la pubertad, cuando suele ser benigna y pasajera.
Puede suceder que la ginecomastia esté causada por acumulación de grasa, sin que aumente el tejido glandular. En ese caso, se denomina pseudo-ginecomastia. En un gran porcentaje de los casos, la causa puede ser un desequilibrio hormonal, un tratamiento con esteroides anabólicos o estrógenos, o un tumor testicular o de la glándula hipófisis o de cirrosis, cuando el hígado pierde su capacidad para desactivar estrógenos que circulan en la sangre.

En el caso de los recién nacidos, el desarrollo de las mamas puede estar asociado con el flujo de leche. Esta disfunción es ocasionada por la exposición del bebé a las hormonas de la madre. Lo más normal es que la ginecomastia dure solamente un par de semanas, aunque en algún caso puede alargarse hasta los 2 años de edad.

Otras causas de ginecomastia pueden ser la disminución de la producción de testosterona, una enfermedad hepática crónica, una insuficiencia renal, la exposición a estrógenos o andrógenos, o el consumo de marihuana y algunos medicamentos.

La ginecomastia requiere un tratamiento quirúrgico. Su objetivo es eliminar el exceso de tejido glandular, de tejido adiposo, o ambos. La finalidad es lograr un tórax más plano y con apariencia masculina. La intervención se lleva a cabo con anestesia local y sedación, en forma ambulatoria. Dura de una hora y media a dos horas. Cuando la ginecomastia es muy pronunciada se tarda más; se requiere anestesia general y puede ser necesario el ingreso en la clínica.