Me gusta Meryl Streep. Representa a un tipo de mujer que ha enseñado a este mundo de hombres a mirar, a ella primero y al resto de mujeres, con otros ojos.

Hay mujeres que perciben desde pequeñas la injusticia del poder masculino, y deciden imponerse con la fuerza de lo indiscutible, con la rotundidad de su talento.

Y nos enseñan a mirar, y aprendemos por ellas que la belleza no la decide ninguna medida antropométrica, que los ojos no son sólo bonitos así, o asá, que de repente desarmonías en los rasgos son bellas, que en las historias de amor de los libros de aventuras, el príncipe también las prefiere a ellas, porque son únicas, porque son inteligentes, porque al ser mejores actrices te convencen mejor del dolor  de su pérdida.

Meryl Streep acumula más de 20 nominaciones a los premios Oscar.

Rostro desigual, nariz alargada, ojos, labios y cabello, que serían anodinos sin ella detrás . Unos pómulos rotundos eso sí, y un resalte mandibular que mantiene y que te hacen sospechar de su carácter. Y con todo ello, se planta frente a un galán de libro, el gran Robert Redford en Memoria de África, y nada rechina, más aún, compartes el fervor de Redford por volver a su lado y a sus cuentos.
El otro día en la última gala de los oscar volvió a aparecer. Y pensé: -Eso es poder!, con un vestido que subrayaba su belleza, que no es de ahora, que se ha ido haciendo, fiel a su estatus, en armonía con su carácter.

Y han habido más: Barbra, Kate Winslet-cómo entendimos que Dicaprio se ahogara por salvarla, Katherine Hepburn, Jane Fonda, Greta Garbo…( me permito ordenarlas fiel a mi preferencia), y todas nos dicen que el mundo no es como nos lo cuentan.

Nos enseñan a mirar, tanto a hombres como a mujeres.

Hay mujeres que no se esconden detrás de ningún eslogan, porque no tienen tiempo que perder. Cuando Barbara asumió la dirección, producción, banda sonora e interpretación de su película Yentl, le acusaron de diva y de soberbia, y ella bien sabía que solo siendo hombre hubieran resaltado su genialidad. Pero no cesó en su empeño y hoy día es la única mujer con un globo de oro como directora. (Y cómo jugaba con el flequillo de Redford en “Tal como éramos”, eso que la decían fea)

Cada vez creo más en la medicina estética adaptada a cada clase de mujer.
Es preciso valorar las diferencias, la individualidad, resaltarlas, no armonizar.

Hay mujeres que convierten los conceptos de belleza clásica en ordinarios.

Qué diferente es el mundo porque Meryl decidió en su día que lo quería todo, que no tendría límites, no si ella no los veía.

Yo sí hubiera vuelto una y mil veces, por tierra, mar o aire, a su granja en África, a que me contara aquellas historias que su personaje inventaba.

Un último apunte: ¿cómo alguien querría borrar las arrugas que tenía Jane Fonda a ambos lados de su boca, cuando fumaba, cuando reía, si eran encantadoras?
Dr. David Múñoz
Instituto Médico Estético