Los láseres médicos se caracterizan porque tienen la posibilidad de utilizar altas afluencias de energía, que permiten inhabilitar a las células que dan origen al vello. De este modo se obtiene una depilación permanente. Los láseres cosméticos, por el contrario, tienen una energía mínima, que no consigue neutralizar dichas células, lo cual tiene como resultado una depilación temporal.

En la utilización del láser médico, siempre será necesaria la valoración y supervisión de un médico especialista, que permanece al día sobre los avances en esta materia. Este tipo de láser solamente suele encontrarse en clínicas médicas. Es extraño encontrarlo en franquicias y centros de estética, ya que carecen de las licencias correspondientes para manejar instrumentos médicos. Como consecuencia, los precios suelen ser más bajos en estos establecimientos.

Con un adecuado tratamiento de depilación láser se puede conseguir una reducción de hasta el 90 por ciento del vello. El 10 por ciento restante suele ser muy fino y débil, sin pigmento y muy suave, no desagradable al tacto. La piel también mejora su aspecto, quedando suave y tersa, ya que sus glándulas sebáceas y sudoríparas quedan en óptimas condiciones.

El tratamiento puede causar ligeras molestias, pero la mayor parte de los pacientes lo toleran perfectamente. La apariencia del área tratada después de la sesión depende de cada tipo de piel y del área tratada. Puede presentarse una ligera inflamación y enrojecimiento de la zona, que desaparece en 24 horas. El paciente se puede reincorporar a su vida cotidiana inmediatamente. Incluso cuando la depilación es facial, se puede aplicar maquillaje sobre el rostro sin ningún problema. Las pieles más sensibles pueden ser sometidas a este tratamiento sin inconveniente.

La duración de las sesiones varía de unos minutos a horas, dependiendo del área a tratar. Como ejemplo, podemos decir que en la depilación del bigote la sesión tiene una duración de 5 minutos, mientras que en las piernas completas puede rondar las 2 horas.