Una de las principales aplicaciones del láser, en el terreno de la estética, son los tratamientos de fotodepilación. La luz de los láseres es muy potente y se propaga a la velocidad de la luz. Se refleja en espejos, se difracta, y empleando distintas lentes, se puede focalizar o desfocalizar.

Otras propiedades del láser, que lo diferencian de la luz normal, son las siguientes:

– Es monocromático: solamente tiene una longitud de onda. La luz normal, que parece blanca, en realidad está formada por los siete colores del arco iris. Lo comprobamos cuando esta luz se filtra a través de un prisma. Esto indica que la luz blanca tiene diferentes longitudes de onda, y oscilan entre 400 y 700 nanómetros. Ante esta propiedad, se dice que la luz normal es heterocromática.

El láser, por el contrario, es monocromático. Su luz puede ser roja, amarilla, azul o infrarroja, pero dentro de cada color, solamente tiene una longitud de onda. Cada tipo de láser puede ajustarse, en fotodepilación, para cada tipo de paciente.

– Es coherente: significa que todas las ondas del láser presentan en el mismo momento sus altos y sus bajos. Esta propiedad únicamente se da en las radiaciones monocromáticas, y tiene la cualidad de proporcionar una gran potencia a la luz láser. De esta forma, los impactos producidos por un láser en una superficie son mucho mayores que los de la luz normal.

– Es direccional: se transmite desde su fuente como un fino haz, que conserva casi toda su fuerza y energía durante el trayecto, llegando prácticamente intacto a la zona de destino. Esto se refleja en la efectividad con que los tratamientos de fotodepilación eliminan el vello de forma definitiva.