La mamoplastia de reducción es una cirugía con muy buenos resultados. Se puede realizar por motivos estéticos o de salud, pero en ningún caso hay que olvidar que se trata de una operación, y debe ser llevada a cabo por cirujanos.

Por estética y por salud

En la década de los 90 se pusieron de moda los pechos extremadamente grandes. Las actrices, cantantes y otras mujeres que pueden ser modelos a seguir para las jóvenes que quieren sentirse atractivas, lucían escotes tremendos y exuberantes.  Por eso, muchas mujeres decidían aumentar sus pechos para sentirse mejor consigo mismas.

Pero ahora se está empezando a valorar más un aspecto atlético, y un pecho demasiado grande ya no resulta elegante. De hecho, hace algo más de una década se solicitaba como media una talla 100 de sujetador, y ahora en los quirófanos se pide entre la 90 y la 95.

Las mujeres que tienen demasiado pecho saben que sólo por eso no van a resultar más sensuales. Además, pueden sufrir problemas de espalda e incluso, si el tamaño es demasiado exagerado, de autoestima. Una mujer con poco pecho puede pensar que el mayor problema que puede tener una mujer con sus senos es que sean pequeños. Pero muchas saben que no es así, que cuando se tiene demasiado aparecen los complejos, la vergüenza a desnudarse delante de la pareja, y por supuesto, los dolores de cuello, de espalda, la incapacidad para realizar determinados ejercicios e incluso la incomodidad para dormir.

En qué consiste

La mamoplastia de reducción es una cirugía que dura entre 2 y 4 horas. Si se realiza por verdaderos profesionales no tiene por qué reportar ningún problema. Habitualmente, requiere pasar una noche hospitalizada, ya que se utiliza anestesia general y es conveniente estar vigilada unas horas.

Tras pasar por quirófano, se recomienda guardar un reposo relativo de una semana aproximadamente, sin hacer demasiados esfuerzos pero llevando una vida casi completamente normal.


Fuente: Agencias y Medios Especializados