El turismo estético mueve cada año a miles de personas que buscan aminorar costes a la hora de hacerse un arreglo. No obstante, esta práctica puede traer muchos problemas que, a la larga, no solo afectarán al bolsillo, sino también a la salud.

La cirugía estética es un fenómeno que está creciendo exponencialmente, sobre todo en los últimos años. Aunque su normalización en la sociedad ha venido acompañada con una democratización en los costes, aún hay lugares que sacrifican seguridad y calidad por ofrecer un precio más barato.

¿Qué son los paquetes de cirugía estética?

Esta disparidad entre precios ha creado una popular tendencia que se conoce como turismo estético. Y es que muchas personas prefieren viajar a uno de esos países para someterse a una intervención de forma más barata.

Tanto es así que algunas compañías han visto un negocio redondo en ofrecer paquetes vacacionales con destino en países donde la cirugía estética es popular por sus bajos costes. Con una simple búsqueda en Internet, es fácil encontrar las webs en las que presentan sus servicios y desde donde se pueden contratar sin dificultad.

En esas ofertas, se indica que el paquete consistirá en el ingreso en una clínica privada con personal entrenado y certificado para llevar a cabo las intervenciones que publicitan. Además, se incluyen los traslados desde y hacia el aeropuerto, la estancia en un hotel, a veces de lujo, y la posibilidad de acudir a excursiones, aprovechando el interés cultural del país de destino.

Y es que, concretamente, la mayoría del turismo estético se concentra en Turquía e Italia a este lado del continente; en Brasil, Colombia, México, Venezuela y República Dominicana en Centro y Latinoamérica, y en Japón en el mercado asiático.

¿Cuáles son las operaciones más demandadas en el turismo estético?

Hace unos meses, la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS, por sus siglas en inglés) publicó un estudio en el que mostraba la realidad estadística de este tipo de prácticas.

Según estas cifras, las operaciones estéticas más demandadas en los países mencionados fueron:

1)    Aumento de pecho (15,8%)

2)    Liposucción (14%)

3)    Cirugía de párpados (12,9%)

4)    Rinoplastia (7,6%)

5)    Abdominoplastia (7,4%)

Este tipo de intervenciones, aunque no entrañan prácticamente ningún peligro en una clínica especializada, sí pueden presentar riesgos en manos inexpertas. Y es que, aunque muchas personas lo olvidan, la cirugía estética es un tipo de cirugía auténtica y no una cosa menor a la que podamos exponer nuestro cuerpo sin necesidad.

¿Por qué pueden ofrecer precios más bajos?

La cirugía estética, por norma general, no suele estar incluida dentro de los servicios sanitarios públicos de los países, ni, incluso, de los seguros privados. Esto hace que un criterio de peso a la hora de valorar una clínica u otra sea precisamente el del coste.

Conocedoras de esto, las compañías que se dedican al negocio hacen que los precios del turismo estético se sitúen por debajo de los países de origen de los pacientes. Así, muchos verán en los paquetes de cirugía estética una oportunidad inteligente de llevar a cabo la intervención que desean. Pero ¿cómo consiguen mantener estos precios?

La respuesta es sencilla: recortan en medios de todo tipo, incluyendo en la formación del personal que va a realizar la operación. Tampoco realizan el preoperatorio completo, propio de este tipo de procedimientos, y, por supuesto, tampoco el postoperatorio.  

¿Qué riesgos entraña la cirugía en el extranjero?

Es habitual que después de una operación, el médico le prescriba al paciente reposo y le recomiende el evitar grandes esfuerzos físicos.

En el caso de la cirugía plástica, esto no es diferente: se trata de un procedimiento médico para el que hay que guardar las mismas precauciones y practicar los mismos cuidados, ya que los riesgos también son los mismos. Estos son los más relevantes.

El propio viaje

Separadamente, tanto la cirugía como los viajes de larga duración en avión pueden aumentar el riesgo de sufrir una embolia pulmonar o la aparición de un coágulo sanguíneo. Ambas acciones combinadas antes de tiempo puede resultar en una urgencia médica.

Además, el movimiento del viaje, aeropuerto, maletas… puede suponer un esfuerzo que afecte a los puntos quirúrgicos, en caso de que los haya, o reabra heridas de la operación. Las infecciones o las hinchazones son frecuentes en este tipo de casos.

Son muchos los casos acreditados de que este tipo de clínicas low cost no esperan los tiempos habituales para dar el alta a sus pacientes antes de que estos vuelvan a sus países.

Lo que sugieren la mayoría de los médicos especialistas suelen rondar los 7 días para aquellas intervenciones en el cuerpo, como una liposucción, y unos 10 para aquellos procedimientos que hayan tenido lugar en la cara.

Falta de seguimiento

Incluso el menos invasivo de los tratamientos necesita supervisión médica. Cualquier complicación, por mínima que sea, puede poner en peligro no solamente el aspecto del paciente, sino además su salud también.

Y es que, aunque el paciente acuda a un médico cualificado en la misma rama que el que llevó a cabo su cirugía, la falta de un expediente y del historial de la intervención puede ser un problema añadido a este imprevisto.

Por último, no es raro que las cirugías para corregir las posibles complicaciones sean más agresivas que la inicial. En este tipo de casos en los que hay que intervenir de nuevo, las posibilidades de que el paciente consiga los resultados deseados se reducen.

Procedimientos arriesgados

Debido a la naturaleza vacacional de este tipo de paquetes, en la mayoría de las ocasiones, el interlocutor del paciente-turista es un agente de viajes y no un médico especializado. Esto, junto a la problemática del idioma en aquellos países donde no se comparta la lengua, puede resultar traumático.

Además, es muy común que las compañías impidan echarse atrás al paciente si le surgen dudas después de haber pagado. Esto provoca que, incluso si el paciente percibe que la clínica o el procedimiento quirúrgico no es seguro, se siga sometiendo para no perder el dinero.

Por último, siempre es más difícil en el extranjero verificar la autenticidad de aspectos esenciales, como la titulación del personal, los sellos de calidad que pueda tener la clínica o, incluso, los estándares a los que puedan someter al paciente.

La seguridad como inversión

Es probable que muchas de las intervenciones de cirugía estética en nuestro país lleguen a doblar en precio a las que se realizan en el extranjero. Pese a esto, el dinero no debe ser en ningún momento el criterio por el que guiarnos.

Por lo contrario, hay que concebir el someternos a una operación en condiciones de seguridad como una inversión de por vida que, no solo nos garantizará el resultado que deseamos, sino que además no pondrá en juego nuestra salud.

Contar con el asesoramiento y la profesionalidad de médicos titulados es un deber, si deseamos evitar a toda costa imprevistos innecesarios. Un buen experto sanitario estará encantado de responder todas nuestras preguntas y calmar todos nuestros miedos, ya que no hay que olvidar que se trata de un proceso quirúrgico importante.

Ponernos a un peligro cuyas consecuencias son irreversibles es una de las posibles consecuencias del turismo estético. Sin embargo, pasar por el quirófano con total tranquilidad y confiando en las manos que nos tratan puede ser una realidad si tomamos las precauciones necesarias.