Nos encontramos en un momento en el que se ha sumado a nuestro modo de vida, y de forma importante, la belleza y encontrarse bien con uno mism@, siempre con la salud como principal interés por supuesto. Existe hoy un culto al cuerpo bastante importante y a la vez y contradictorio es que parece algo extraño oír a alguien reconociendo que se ha sometido a una operación o a alguna sesión de determinado tratamiento estético como por ejemplo el botox conocido como botulina o toxina botulínica.

¿Por qué las personas tenemos tal pudor?, si nos lo planteamos bien, en realidad no parece que el general sea el sometimiento de cambio mediante una cirugía o tratamiento estético, si no lo que con ellos se mejora.

Explicándonos mejor, parece que no tenemos vergüenza de echarnos botox, botulina o toxina botulínica (como lo quieras llamar), si no de tener que hacerlo para parecer más joven… y qué tontería ¿verdad?, todo el mundo envejece y la verdad que no deberíamos avergonzarnos de querer mejorar y sentirnos bien con nosotros mismos.

Resulta una ironía que sin pensarlo dos veces, si nos hacemos otro tipo de tratamientos o acciones beneficiosas como un peeling por ejemplo lo contamos a los cuatro vientos, con orgullo y satisfacción, lo mismo si nos han puesto una escayola o nos ha hecho un masaje el fisioterapeuta y todo tiene el mismo objetivo: ESTAR BIEN, ESTAR PERFECT@S.

Por eso, no debemos avergonzarnos de querer ser mejores para nosotros mismos y de mirarnos al espejo y vernos guapos y jóvenes o como cada uno quiera.

Seguro que pronto podemos decir sin prejuicios ni vergüenzas:

¡Yo también quiero botox! ¡Yo también uso botox!

Fuente: Agencias y Medios Especializados.